En la siguiente nota para Recursos Culturales, la segunda en torno al tema de la orientación vocacional, la elección de una carrera y las influencias que uno tiene durante las primeras décadas de vida, entrevisté a Julián Manzelli, diseñador gráfico, artista visual y animador. Además, es uno de los integrantes del colectivo artístico Doma, con quienes tiene una galería de arte en el barrio de Palermo, llamada ‘Turbo’.
Aprovecho para insistir en que la lectura de estas extensas entrevistas debería servirles a aquellos que están en esos momentos, generalmente al salir de la escuela secundaria, en que uno quiere elegir una carrera o un campo de desarrollo dentro de las artes, y algunos factores le provocan dudas o temor, como la inserción laboral, la posibilidad de lograr un ingreso o qué otras actividades vinculadas pueden tener una mejor aceptación en el mercado, mientras se desarrolla paralelamente la obra artística.
Nuestra encuentro anterior fue con Gastón Caba, ilustrador, artista y músico, con un perfil muy parecido al de Julián Manzelli, el entrevistado de esta oportunidad. En la próxima entrega, Pat Coria, bajista, cantante y ex bailarina de danza contemporánea.
Las experiencias, influencias, estilos de vida y formas de subsistencia económica de cada uno de los que gentilmente accedieron a charlar conmigo, es lo que quiero difundir a través de Recursos Culturales, para que sirvan de ejemplo, fuente de información y objeto de estudio, de aquellos futuros artistas y de aquellos futuros gestores culturales y diseñadores de políticas culturales.
Acto seguido, la entrevista.
Recursos Culturales: Definíte un poco, para saber algo más sobre tu actividad profesional.
Julián Manzelli: Estudié Diseño Gráfico [de ahora en más, DG], pero me fui definiendo más como artista y director de animación. Por un lado trabajo dirigiendo y produciendo animación, hago proyectos para otros clientes, aunque intento cada vez menos hacer esto y estoy impulsando unos dibujos animados míos. Por otro lado soy artista, hago mi obra y soy parte de un colectivo artístico que se llama Doma, con ese colectivo tengo la galería, con la que impulsamos toda esta nueva escena de arte en la que estamos inmersos; producimos obra con el grupo y la vamos presentando en ferias y exposiciones.
¿Tenés algún otro espacio creativo?; ¿música, escribís?.
Estoy bastante dedicado a escribir guiones, lo que es nuevo para mí, me costó bastante agarrarle la mano. Son para estos dibujos animados que estoy haciendo.
¿O sea que del DG pasaste a ...?
Las herramientas que adquirí estudiando DG, las empecé a usar junto a Doma, para hacer acciones artísticas, conceptuales. Trabajamos como diseñadores haciendo lo más convencional, pero enseguida empezamos a hacer arte y después por otro lado, a hacer animación, más que a diseño de logo, imagen corporativa, editorial y todo el trabajo más común del DG. En música incursioné: en una época hacia el audio de mis animaciones y durante un año tuve un proyecto experimental de música y visuales, con un amigo, en un tiempo en que trabajaba en Miami, para Locomotion. Se llamaba Andú Project, pero lo de la música nunca fue algo firme.
Hiciste DG en la UBA. ¿Empezaste a cursar inmediatamente después de terminar el secundario?.
Primero estudié bioquímica. Por ese medio típico de ‘te vas a cagar de hambre con el arte’. Siempre me gustó la biología y terminé estudiando bioquímica por un tema económico; me gustaba el arte, pero en ese momento puse más en la balanza lo económico. Me hicieron la cabeza, y aspiré a lo más difícil. Hice el CBC, rápido, super bien y en la mitad de primer año, me dije no, qué hago acá, ...me quiero ir a dibujar. Igualmente, sigo leyendo sobre física y biología. Y lo aplico a lo que estoy haciendo. Por ejemplo, uno de los dibujos animados que estoy desarrollando ahora tiene que ver con una parodia al formato documental. Me agarro de esa parte mía de formación cercana a la ciencia y lo uso para lo otro.
¿Por qué la bioquímica, de dónde te sale?.
Me gusta mucho la ciencia, en general. Veía la bioquímica, que es la síntesis de la biología y la química, como algo muy complejo y apasionante, pero en un momento se me volvió demasiado complicado y tenía como una fuerza interior que me llevaba a dibujar. Desde chiquito era el que dibujaba en el colegio, el que dibujaba todo para los actos. Después de la secundaria, en que uno se va a vivir solo, crece, eso se volvió mucho más fuerte y por suerte pude armar una carrera en torno a esto.
Con el dibujo, con lo visual, ¿tenés alguna influencia en la familia?
Mi viejo era ingeniero civil y mi vieja es docente y casi psicóloga. Mi familia era de Devoto, clase media, pero muy lectora, con mucha cultura. Tuve la suerte de ser muy estimulado con libros. Mi mamá era socia del Círculo de Lectores: venía un tipo con una pila de libros y quizás sólo comprabas uno. Mi viejo también, era un tipo que sabía de todo y se daba maña con todo. De alguna manera tomé ciertas cosas. La animación es un trabajo muy técnico, muy ingenieril: desde el guión, las tomas, el story board, y después técnicamente, fondo, figura, esqueletos de personajes, cuando trabajás en 3D; es bastante matemático. Estás en la compu durante días y parece que no avanzás. Empezás con el esqueleto y recién después de meses podés vislumbrar algo. Y con Doma, todos los trabajos que hacemos de instalación, son muy constructivos, nos destacamos por los trabajos de instalación, con juguetes gigantes, con mecanismos, con muñecos de tela gigantes, metiéndonos siempre en grandes formatos, con tela, madera, resina. Todo eso sí, lo mamé bastante de la familia.
¿Hiciste talleres?, ¿dibujo, pintura?.
Sí, en la primaria y en la secundaria pasé por talleres barriales de dibujo, pintura, cerámica, fotografía y serigrafía. Y en el último año de la carrera, cuando me dí cuenta que el diseño gráfico no me gustaba tanto y empecé a laburar en agencias, me dí cuenta que había estudiado eso, pero cuando me encontraba con el aviso “se busca DG”, la tarea era hacer logos, folletos...Al principio lo hacía con mucho entusiasmo, cebado, pero con el tiempo me dí cuenta que no era eso lo que me interesaba. Ahí tuve una decepción con la carrera, y por suerte no me pasó estando solo, me pasó con varios compañeros de la facultad, y para salir de eso armamos Doma: los ejercicios con los que nos divertíamos en la época de estudiantes, dijimos, inventémoslos nosotros. Paralelamente me metí en un curso de ilustración, con un gurú de la ilustración que se llama Elenio Pico. Nos impulsaba al ‘hazlo tu mismo’: editá vos mismo, publicá vos mismo, era un taller en el que te impulsaban mucho a esto y era un grupo multidisciplinar, fotógrafos, gente que hacía cómics, otros que hacían collage de larga escala, y él te motivaba a que si hacías comics, hicieses un librito, fotocopias y a vender; si hacías collages grandes, pégalos en la calle. ¿Te acordás de este taxista, que se hizo conocido por hacer intervenciones en collages, con elementos que sacaba de otros carteles? (N.delR: Oscar Ibrahim). Estaba en este taller y lo hacía como una manera de relajarse, no tenía formación en lo visual, era para despejar un poco la mente de su trabajo cotidiano. El resto de nosotros veníamos de DG, Bellas Artes y Oscar de repente empezó a tener entrevistas, ¡salir en el diario!.
¿Viviste siempre en la Ciudad de Buenos Aires?
Sí. Y viví un tiempo afuera trabajando, en Miami.
Contáme cómo fue ese momento de crisis, de cambio de carrera, de bioquímica a DG.
Y...me pasó que la carrera se empezó a complejizar mucho, con materias muy difíciles, muchos números, matemática muy avanzada y me dí cuenta que para pasar esas materias había que tener un amor extra por esas disciplinas. Y a mí me pasaba que en ese momento estaba más seducido por dibujar; era fanático de los cómics, salía de la facultad y me iba a las comiquerías; en las clases si me aburría me ponía a dibujar. Pero pasaba que mi viejo, siendo profesor de toda la vida de Ingeniería de la UBA, grado y posgrado, era plantearle ‘me gusta la biología y el arte’, para que me respondiera ‘no, andá a biología, te va a convenir’. En mi familia siempre me empujaron hacia bioquímica, más prestigiosa, con mayor salida laboral; encima a mí me gustaba la investigación, no quería hacer la carrera para tirarme hacia los análisis clinicos, entonces mi viejo me incentivaba mucho eso. Seguí los pasos que me aconsejaba mi familia. Y en el momento en que dije ‘me paso de bioquímica a DG’, mi casa explotó: ‘buscás la más fácil’ y qué se yo. Y algo de eso había, cuando llegaron, fue típico, las materias más difíciles, decidí abandonar. Pero pasaba esto que te dijo, son materias que te tienen que gustar mucho para aprobarlas y a mí me atraía realmente lo otro. Ya me la pasaba dibujando para ese entonces. Me acuerdo también que en el medio tuve un viaje, que me sirvió mucho. Pasa que en los viajes conocés gente, otras maneras de vida, ves todo desde afuera, te parás desde otro lugar. Ya en el viaje me vino la idea de que estaba haciendo algo mal. Fui a Brasil, dos meses, cursé un poco y abandoné. Fue un momento de crisis porque perdí dos años, ya que las materias de DG son anuales y yo llegué a cursar un año y medio de Bioquímica. Con el paso del tiempo ves que no fue tiempo perdido, que era un proceso necesario, y que en esa etapa viví un montón de experiencias que me enriquecieron como artista: todo esto que te digo de la pasión que siento por la ciencia, lo documental. Todos los días me levanto y visito tres portales de ciencia, antes que cualquier otro diario; soy un fanático de eso, entonces veo que estuvo bueno.
¿Volviste a tener algún otro punto crítico dentro de la carrera de DG?, ¿quisiste meter otro cambio de vía?.
Dentro de la carrera, el que te conté antes, cuando me recibí. Después, tuve otro momento de cambio en el que decidí no trabajar más en relación de dependencia y decidí trabajar independiente o junto a Doma, estábamos empezando a lograr un ingreso haciendo arte y haciendo animación para canales de televisión. En ese momento fue tomar esa decisión: a partir de este momento nunca más voy a trabajar en relación de dependencia. Y lo que pasó fue que Doma creció mucho, donde una mitad hacíamos obra, exposiciones, expusimos en el Malba, en Ruth Benzacar, y paralelamente, hacíamos dibujos animados y motion graphics para Fox, Sony, MTV, Animal Planet, Discovery Channel... Mantener todo se nos hizo difícil. Cuando trabajás en animación, necesitás empleados, alquilamos un lugar en Villa Crespo, éramos nosotros cuatro, más ocho personas más, más freelancers afuera. Se armó algo que estaba bueno, hasta cierto punto. Cuando estábamos en el pico, teníamos la disyuntiva de agrandarnos, dar el gran paso, o mandar todo a la mierda, y volver a una vida más tranquila. Hicimos esto último. Lo hicimos más que nada por Doma, porque había empezado como un proyecto artístico y se estaba transformando en una empresa, una productora. La parte comercial del grupo estaba creciendo mucho, decíamos que sí a todos los proyectos y eso empezó a matar a la parte artística. Ahí disolvimos la parte de productora y abrimos la galería. Esto nos sirvió para comercializar nuestro arte, el de otros artistas que nos llaman la atención, y paralelamente cada uno de nosotros siguió trabajando, en forma freelance o desde su estudio personal con los mismos clientes que antes, pero en forma independiente. Y ganamos muchísimo en calidad de vida. Mi viejo, que falleció hace dos años, me decía que alucinaba con cómo nosotros habíamos logrado un estilo de vida a nuestra edad, que él se imaginaba íbamos a tener de más grandes. En términos de libertad, por ejemplo. Nos pasa a nosotros, los integrantes del grupo, como a otros artistas que están en la misma que nosotros: tenés mucha movilidad para salir de viaje y presentar tu trabajo afuera, y tenés ingresos por otros lados. En mi caso por ejemplo, venta de obra, desde series limitadas de obras u objetos medios artísticos, como ropa o muñecos, que hemos hecho con Doma y por otro lado, trabajos más comerciales de animación o mía propia; algo que nos está pasando mucho es que viene una marca y nos pide sacar una línea Billabong Doma, o Nike Doma, o una marca de autos que quiere que se estén pintando unos murales en el evento de lanzamiento. Para esto hacemos una selección de artistas, que van y hacen los murales. Hemos generado un estilo de vida versátil, con mucha libertad...
¿Volviste a tener la necesidad de salir de DG y pasarte a una tercer carrera?.
No, no hubo necesidad de un nuevo salto.
¿Porqué elegiste DG?
En ese momento fui a la Escuela Nacional de Bellas Artes (N.delR.: hoy perteneciente al IUNA) y fui a DG en la UBA; tenía amigos en ambas, comparé, y mi percepción fue que Bellas Artes estaba quedada en el tiempo, y personalmente siempre tuve la sed de lo fresco, lo nuevo. Eso lo ví más en diseño. Todo el arte que desarrollé, todo lo que hice después, estuvo más relacionado con tendencias nuevas, más que al arte clásico o al virtuosismo de la pintura. Lo mío es más conceptual, de impacto visual. DG hoy por hoy es una carrera que tiene mucho en juego. Además, cuando salís de la facultad, suponéte, querés hacer dibujos animados, y no encontrás una carrera con respaldo para estudiar eso. Lo que hay son carreras medio improvisadas, con gente que no está preparada, hacés los cursos y te enseñan a manejar los programas, no ves teoría, historia de la animación, cine, guión. La DaVinci o Image Campus, tengo amigos ahí, el nivel es bajo y te enseñan más bien a manejar los programas. Me pasaba eso, al momento de empezar DG ya tenía en claro que me interesaba la animación. Fui a visitar una escuela de animación en Avellaneda y me pasó lo mismo, percibí que no tenía peso. DG me dio herramientas de composición, formología, color y llevar eso a la animación fue sólo aprender a usar los programas y leer algún que otro manual.
¿Qué consejos darías a los que están buscando su vocación?
Creo que es importante ser fiel a esa vocación interna que uno trae, y priorizarla, más que a la salida económica, porque si uno lo hace con la suficiente obsesión y pasión, va a obtener resultados. Para los que no encuentran la vocación, se les puede recomendar que viajen, que conozcan gente, y de esa manera se les va a ampliar el campo de visión. Fijáte que en Europa o EEUU es muy común: cuando terminan la secundaria los pibes se van un año de viaje. Esto, de alguna forma, te sirve para encontrar tu lugar en el mundo y buscar referencias, porque sólo venís con la percepción de la burbuja de tu hogar. Si vas a tomar una decisión que te va a acompañar toda la vida, tomarla en esa situación puede ser muy complicado. Salir de ese escenario, ver, romper con eso, es muy importante.
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